• Área de Psicología

¿Cómo luchar contra los prejuicios?

Un prejuicio es una opinión, generalmente negativa, que se forma sin motivo y sin el conocimiento necesario.

Supone tener una actitud negativa y hostil hacia una persona que se identifica como diferente a nosotros o ajeno a nuestro grupo de referencia entendido el grupo como una región, nación, religión, cultura, clase social, orientación sexual, profesión, etc. Además, se trata de una valoración sin experiencia directa o real, lo que implica una emoción de carácter negativo sobre un grupo o persona sin conocer realmente a esa persona. Además, es propio de cada persona; cada uno tenemos ciertos prejuicios consciente o inconscientemente.


¿Cuáles son las consecuencias de estos prejuicios a nivel social?


Los prejuicios influyen negativamente en las relaciones que establecemos con distintos grupos sociales, lo que nos dificulta la convivencia. Además, son la base de actitudes discriminación que pueden acabar en violencia y agresión hacia otras personas.

Como se puede intuir, las personas objeto de estos prejuicios se sienten excluidas, ya que no entienden porque las otras personas se basan en un dato físico o una idea que han formado sin ni siquiera intentar conocerle. Sin embargo, también hay consecuencias para las personas que tienen estas ideas preconcebidas, ya que estos prejuicios les pueden llevar a evitar las relaciones con personas que perciben distintas, por lo que cuantos más prejuicios tengamos, menos relaciones sociales tendremos, y más pobres serán estas.


Esto va a empobrecer mucho nuestro conocimiento de otras culturas o hacia personas diferentes a nosotros, pero con las que podemos vivir grandes momentos y aprender mucho de ellas. Las personas con menos prejuicios tienen más facilidad para relacionarse con personas distintas y tener vínculos “más sanos” con otros/as, ya que esto permite tener buenas relaciones independientemente de las características de los demás, favoreciendo un mayor disfrute de las diferencias.


¿Cómo luchar contra los prejuicios?


  1. Evita extraer conclusiones anticipadas cuando conoces a un grupo nuevo de gente. Por ejemplo, cuando te apuntas a un curso y conoces a tus nuevos compañeros de clase, es fundamental que te des tiempo porque, a partir de tu propia experiencia, vas a descubrir cómo en la convivencia cotidiana con esas personas haces nuevas amistades. Sin embargo, no puedes predecir desde el primer día de clase quiénes van a ser tus mejores amigos a partir de las primeras impresiones, ya que estas suelen ser imprecisas.

  2. Empatía. ¿Cómo te sientes tú cuando sabes que te están juzgando sin darte la oportunidad de conocerte de verdad? ¿Qué actitudes has observado en quienes han actuado contigo de este modo en algún momento de tu vida? Identifica esos comportamientos para evitarlos.

  3. Observa las excepciones a la norma. Frente al funcionamiento propio de los prejuicios que muestran una visión distorsionada de la realidad, confronta la realidad de un dato objetivo que rompe con esa información. Por ejemplo, si una persona tiene el prejuicio de creer que la diferencia de edad en la pareja afecta de forma negativa al amor, seguro que puede observar a su alrededor algún caso de dos personas que, más allá de la diferencia de edad, proyectan su felicidad a su alrededor.

  4. Cultiva tu mente a través de la cultura. La educación constante es la mejor medicina para reducir el impacto que los prejuicios pueden producir en nuestra vida. La cultura nos ayuda a pensar. Herramientas como la lectura, la filosofía, el cine o el teatro son especialmente educativas para luchar contra esas ideas.

  5. Establecer amistades en grupos diferentes. Si tienes la oportunidad de establecer lazos de amistad con distintas personas, este hecho te ayuda a crecer. Cuando además de tu grupo de amigos de la infancia o la adolescencia, disfrutas de planes con compañeros de trabajo o de otras actividades, amplías tu marco de conocimiento; no lo olvides, cada ser humano es único.

  6. Reconoce cuáles son tus prejuicios. Cuando asumimos aquellas ideas que nos condicionan, somos más conscientes de cuándo estamos actuando a partir de este criterio interno, lo que nos da más oportunidades de corregirnos.


Como reflejó mi compañera en su artículo sobre estereotipos, estos prejuicios pueden influir en la elección de un deporte en base a ese estereotipo, que podría hacer que una chica no eligiese el fútbol porque el estereotipo marca que es un deporte de hombres, o que un chico no eligiese la danza porque eso es propio de las niñas. Por tanto, es imprescindible llevar a cabo una reflexión personal, identificar esos prejuicios que podemos tener y tratar de modificarlos. Y sobre todo, como padres, entrenadores o educadores, tratar de dar ejemplo a los más pequeños.


Por Noelia Bermúdez Luis