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Los límites a la hora de educar: padres y entrenadores

A la hora de inscribir a un hijo o una hija en un deporte, los padres deben ser conscientes de que delegan en los entrenadores y cuerpo técnico tareas que no solamente se centran en entrenar y competir.

Los entrenadores, además de promover una mejoría en el ámbito deportivo, deben transmitir los valores que representa el deporte y enseñar aspectos básicos que un niño o una niña aprenderá con el paso de los años.

Es cierto que no deben reeducar, ya que eso seguirá siendo tarea de los padres, pero se les da la confianza para que puedan comportarse como “profesores” en caso de ser necesario. Si un jugador está constantemente hablando y distraído, el entrenador puede llamarle la atención y comunicar que está siendo irrespetuoso, al igual que si dos compañeros se pelean, el preparador debe intervenir e intentar arreglar la situación entre ambos.

Por tanto, los entrenadores tienen libertad para intervenir en el comportamiento de sus jugadores con el objetivo de intentar mantener un buen clima en los entrenamientos y partidos, además de prevenir conductas negativas enseñando los valores del deporte.

El deporte es un medio muy apropiado para el aprendizaje de valores, ya que puede enseñar una gran variedad de estos como, por ejemplo, el respeto, el cumplimiento de las normas, la superación, el compañerismo, la responsabilidad, la deportividad y el compromiso. Estos son unos pocos valores de los muchos que pueden transmitirse a través del deporte, los entrenadores deben explicarlos y ser un ejemplo de la correcta ejecución de todos estos.


Por otro lado, a pesar de que un entrenador tenga cierta responsabilidad en el aprendizaje de sus jugadores, no puede hacer de padre o madre en circunstancias que no sean de su conveniencia. Si un integrante del equipo tiene un comportamiento disfuncional para este, y en caso de que dos o tres llamadas de atención por parte del entrenador no hayan surgido efecto, deberá comunicarse a los padres para que ellos sean los encargados de actuar ante ese comportamiento.

Al igual que si un entrenador observa ciertas conductas individuales tanto a la hora de entrenar como fuera del entorno deportivo, no será su responsabilidad educar al niño o niña en cuestión, sino que debe comunicar el problema con el club para que este se lo transmita a los padres. La manera de educar es competencia de los padres, por lo que a no ser que se observe en el niño o niña un caso en el que sea necesaria una intervención dirigida a los padres, los responsables del club y cuerpo técnico no deben hacer más que comunicar lo que consideren adecuado.

Si bien un entrenador no debe hacer de padre o madre, un padre o una madre también debe saber hasta qué punto pueden entrar en la enseñanza deportiva de su hijo/a. Los padres, en numerosas ocasiones, tanto en casa como desde la grada, dan instrucciones a sus hijos de cómo deben jugar, y, al ser una figura más referente que sus entrenadores, éstos les hacen caso y perjudican al equipo a la hora de competir. Además, en el peor de los casos, los progenitores carecen de la formación específica o de la experiencia necesaria en éste ámbito, por lo que además esas instrucciones pueden ser incluso erróneas.

A la hora de tener que jugar un partido del deporte en cuestión que practiquen, cuando el entrenador da las indicaciones y alguna de ellas se contradice con lo que han escuchado en casa, a la hora de llevarlo a cabo se crea un conflicto moral en el que deben tomar una decisión: a quien deben hacerle caso. Esto en numerosas ocasiones puede crear disconformidades por parte del entrenador, ya que no está realizando lo que este ha indicado, o, al mismo tiempo, al llegar a casa si hacen lo que el cuerpo técnico requiere, porque recibirán no ya solo críticas sino además correcciones de su padre o madre. Por último, puede suceder que debido al conflicto, los jugadores no sepan qué hacer, se queden paralizados y debido a que deben tomar una decisión rápida no sean capaces de hacerlo y acaben fallando las dos indicaciones por separado.


Por ello, para que los niños y niñas puedan disfrutar lo máximo posible del deporte y no crean que están desobedeciendo a alguien, tanto padres como entrenadores deberán tener claro cuáles son sus funciones y cuáles son sus situaciones de actuación para no perjudicar ni al equipo ni al deportista en cuestión.


Por Sergio Palomo


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