• Área de Psicología

Cuando el deporte no es salud: la ansiedad en la competición

Cierto grado de ansiedad en la competición puede favorecer la mejora del rendimiento. No obstante, cuando esta es excesiva puede producir el efecto contrario: un rendimiento deficiente.

Al pensar en el fútbol profesional es probable que lo primero que nos venga a la cabeza sean equipos como el Real Madrid, el Atlético de Madrid o el Barcelona, así como el nombre de sus jugadores más importantes. Sin embargo, detrás de las imágenes mostradas en televisión de los partidos o de los entrenamientos, existen personas que tienen que librar cada día con una batalla silenciosa contra el nivel de exigencia, el miedo al fracaso, la pérdida de confianza, la frustración o, incluso, la ansiedad. No hace mucho tiempo, en el año 2010, se retiró un jugador de fútbol que presentaba una de las peores consecuencias a las que puede llevar una gestión inadecuada del elevado nivel de exigencia que hay en el deporte de élite. El jugador del que hablamos es Iván Campo.


¿Quién es Iván Campo?


Iván Campo comenzó su carrera en el Alavés con tan sólo 19 años durante la temporada 1993-1994, equipo que en ese entonces estaba en Segunda División B, aunque al poco tiempo ascendió a Segunda. Dos años después Campo fue fichado por el Real Valladolid para comenzar su etapa en Primera División. Tras su periodo en el Valladolid fue fichado por el Valencia, equipo en el que jugó apenas unos minutos, motivo por el que decidió cambiar nuevamente de club, en este caso al Mallorca, donde sí logró mostrar todo su potencial, hasta tal punto que el Real Madrid quiso ficharle.


Firmó para cinco temporadas, de las cuales sólo estuvo cuatro, pues al comienzo de la última el club comunicó que padecía una grave ansiedad y requería terapia psicológica. Campo declaró que antes de cada partido ‘’vomitaba para liberar los nervios’’, tenía pánico a la muerte, padecía arritmias y se sentía angustiado por las críticas que recibía de los aficionados y la prensa. Tras dejar el Real Madrid, se fue al Bolton Wanderers donde jugó durante seis temporadas. El año 2010 se retiró definitivamente del fútbol.


¿Se trata de un caso aislado o los jugadores de élite tienen mayor probabilidad de presentar este tipo de conductas?


Entendemos por ansiedad un estado mental caracterizado por un conjunto de síntomas psicológicos y físicos que alteran el equilibrio de la persona, es decir, es aquella respuesta emocional ante situaciones desafiantes y para las que la persona no tiene las herramientas necesarias para hacerles frente. Los síntomas que acompañan a la ansiedad son nerviosismo, sudoración de manos, sensación de ahogo, mareos, dificultad para dormir, etc.


Numerosas investigaciones han explorado la relación existente entre rendimiento deportivo y ansiedad y en todas se han encontrado respuestas similares: niveles adecuados de ansiedad dan lugar a un buen rendimiento y, por tanto, a buenos resultados. A pesar de que el deporte es utilizado como uno de los tratamientos contra la ansiedad, también puede ser la causa de su aparición. Cuando el nivel de la misma es muy elevado y la persona no cuenta con los recursos cognitivos necesarios para hacerle frente interpreta la situación como amenazante, disminuyendo su rendimiento y favoreciendo que suceda lo mismo cuando se encuentre en dicha situación.


¿Cómo combatir los síntomas de la ansiedad?


Existen numerosas técnicas que pueden ser utilizadas para combatir los niveles de ansiedad en competición. Entre ellas están los entrenamientos de control de la activación, como control de la respiración o ejercicios de relajación como el “mindfulness” o la reestructuración cognitiva. Sin embargo, es de suma importancia prevenir la aparición de estos síntomas. Para ello puede contribuir la realización de talleres de psicoeducación en los que se les dé a los deportistas herramientas para un adecuado afrontamiento de los síntomas. Además, la presencia de psicólogos en los equipos deportivos que actúen ante los primeros indicios de problemas puede, así mismo, evitar que se desarrollen este tipo de comportamientos.


Por Irene Velasco Pérez


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